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Preludio 5
Adolescencia en 2025, so pretexto de un asesinato como trama argumental, nos interpeló a un debate ético, clínico e incluso íntimo, al confrontarnos, entre otros, con los efectos del bullying, de la significación real del uso de los emojis, asimismo con las consecuencias en un sujeto de la retirada explícita de la mirada de su padre justo en el único instante en que no debió faltar por haber fallado él públicamente; sin olvidar las declinadas a partir de la no-respuesta a una pregunta del protagonista, Jamie Miller, dirigida a la terapeuta de su proceso judicial, y todo ello, mientras asistimos simultáneamente —en un estilo algo Michael Hanecke en versión británica— a un entrecruzamiento de flashbacks que revelan el desconocimiento estructural que puede habitar la convivencia diaria de una familia funcional al uso, de esas en que sus integrantes se miran sin verse y se relacionan sin saberse, interesarse o conocerse de nada y cuyo reverso más crudo, alumbra la asunción de una responsabilidad previa y transversal para con nuestros niños y jóvenes.
Pubertat en 2026 por su parte, ofrece otro abordaje de ese mismo anonimato palpitante en el seno de cada una de las cinco familias concitadas alrededor del acontecimiento traumático prínceps, mostrándonos la disimetría radical entre el egocentrismo de adultos que inicialmente no se controlan, no se cortan y no se importan del otro y en contrapartida, la sorpresa sobrevenida en cada uno de ellos, al descubrir como corolario a su invidencia, algo que el propio Freud nos señaló en su texto Lo siniestro cuando situó que el horror justamente recae en la orilla de lo que nos es familiar, prójimo y por qué no, amable. Otro gran tema es el duelo proscrito. He rescatado una cita de Matilde Pelegrí y Montserrat Romeu en su artículo de 2011, El duelo, más allá del dolor, en la que afirman que «el proceso de duelo es algo más que superar un dolor pues implica un proceso psíquico de reconstrucción simbólica íntimamente ligado con el paso del sujeto por la castración». No hacerlo entonces deja al sujeto gravitando en una burbuja de tristeza infinita y justo por ello, sin dialéctica.
Euphoria, vendría a abrochar la triada de series que aborda la temática Z, si bien, acentuando más la dificultad de subjetivación y elaboración del dolor de existir postergadas por el consumo de drogas.
A menudo, ciertos padres o figuras de referencia simbólica abanderan un doble rasero moral, que no ético, en el que todo vale cuando se trata de sí mismos mientras aspiran al ideal de déficit cero para sus críos, tal como recoge José Ramón Ubieto en Soledades Digitales. Bjung Chul Han ya diagnosticó años atrás las contradicciones imperativas del sujeto del rendimiento en el siglo XXI. A nosotros analistas nos toca encontrar salidas dialectizadas, caso por caso que nos permitan articular junto a ellos, otras vías posibles.
Estas Jornadas queremos detenernos responsablemente y entender sin juzgarles a niños y adolescentes, orientando los mantras a los que están sometidos incluidos silencios, apatías, arbitrariedades, conexiones sin vínculo y…