Publicado el 11/07/2026

El espejo roto: el cuerpo en la adolescencia

Si hablamos de espejo hablamos de imagen y, en ese sentido, el título que hemos puesto es muy sugerente ya que nos anima a debatir sobre la fragilidad de la imagen en contraposición con la importancia superior que se le da en esta época.

Estamos todos inmersos en la era de la imagen, y los algoritmos que la alimentan podemos agregar, sin embargo, la función de la imagen para el psicoanálisis es justamente la de envolver un vacío y un real, eso del cuerpo que no somos capaces de descifrar. Desde la más tierna infancia, la imagen cumple la función de darnos cierta estabilidad, pero es una estabilidad frágil, que no se sostiene sola si no está sujetada o entrelazada con lo simbólico. Lo simbólico podríamos pensarlo como la estructura ósea de la imagen, tanto como la estructura ósea del cuerpo.

Por otra parte, hablamos del cuerpo, de cómo habla el cuerpo, y me gustaría aclarar, para quienes no estáis familiarizados con el psicoanálisis, que siempre hablamos del cuerpo. Podría parecer que nos dedicamos a la mente, al inconsciente, más de una vez me han reclamado que no hacemos caso del cuerpo, de lo que necesita el cuerpo, de la importancia de cómo se presenta un paciente o del valor de las terapias del baile o la relajación.

Sin embargo, lenguaje y cuerpo van unidos, Lacan utiliza la palabra coalescencia1 entre el lenguaje y el cuerpo. (f. Coalescencia es la propiedad o proceso físico por el cual ciertas sustancias y cosas pueden unirse o fundirse para formar un único cuerpo más grande).

El lenguaje nos ha moldeado el cuerpo desde que nacimos, Amalia Cortés decía en el 1º taller que la manera de hablarnos de nuestros padres va moldeando con un modo particular de hablar el cuerpo del niño.

Así como el agua moldea la piedra, las palabras moldean el cuerpo del bebe recién nacido. Por lo tanto, y lo veremos en los casos que se presentarán a lo largo de la mañana, según el modo en que ha sido hablado o no, según el modo en que lo han escuchado e interpretado, se organizará el cuerpo de ese bebe. Pero no solamente del lado de los padres, sino también interviene el modo en que el sujeto bebé/niño ha escuchado esa lengua. Entre lo dicho y lo escuchado, poco a poco es que estos dos materiales palabra y cuerpo, quedarán ligados para siempre.

De igual manera, es en el modo de hablar del paciente donde escuchamos cómo habla su cuerpo. Esto es importante, porque no se trata solamente de los síntomas, lo que vulgarmente decimos que «está somatizando», sino que en las palabras que cada sujeto elige para decir, es el propio cuerpo el que habla. Si ponéis atención a los significantes, las palabras que elige cada persona para explicar lo que le sucede, habla de: me traga, me absorbe, me atraganto, escupo rabia, solamente verlo me revuelve el estómago, estoy en la mierda, me trata como una mierda, me caga cada vez que puede, no soporto o me inquieta su mirada, su voz me da miedo, me altera o su voz me calma. He mencionado a la boca, las tripas, el culo, la mirada, la voz. Partes del cuerpo implicadas en nuestra manera de relacionarnos con el mundo, partes del cuerpo donde se apoyan muchos síntomas.

Por lo tanto, «La cita con el cuerpo es inevitable, no se puede no acudir ni olvidar», dice María Luisa de la Oliva2 en uno de los textos que hemos recomendado en las redes, pero tenemos que tener en cuenta, algo que ignoran sistemáticamente los protocolos, y es que todo lo que suceda en la adolescencia es una reedición de lo acontecido en la infancia. Si durante el primer año, la mirada del Otro nos ha dado una cierta identidad (ese eres tú, qué guapo, qué dulce, sonriente, o qué cansino, qué cabezón/cabezota, «yo soy así una cola de lagartija», argumentaba un paciente, «me lo han dicho desde niño»).

Si estas palabras han moldeado el cuerpo y le han provisto de una identidad —la de nervioso, por ejemplo—, llegada la pubertad se pondrán a prueba. Algunos jóvenes tendrán las herramientas necesarias para continuar su camino hacia la vida adulta, fabricándose una nueva identidad, pero utilizando como base aquellos mismos mimbres, junto con algún otro de su propia cosecha.

Solemos utilizar la metáfora del juego de barajas, según las cartas que haya recibido o no un niño, podrá jugar su propia partida en la pubertad. Lacan dice en el Seminario 5 que en la pubertad se pondrán a prueba los títulos que el joven o la joven tenga en el bolsillo ¿Cómo se ponen a prueba? En el encuentro con el otro, con la mirada de los pares, con el cuerpo de los pares, pero especialmente con la elección de la sexualidad y el cuerpo de quien será el partenaire. Y este encuentro con el cuerpo del partenaire es igual para todos, ya se trate de cualquiera de las identidades Queer.

Esta es la causa por la que en este tiempo de la vida se produce la irrupción de tantos síntomas y en algunos casos el desencadenamiento de las psicosis. (Si se desencadena es porque ya se habría definido en la infancia, porque no contaba con los títulos en el bolsillo).

Esa imagen conseguida en la infancia y que organiza el narcisismo del niño, que organiza su yo ideal, se resquebrajará primero por los cambios que se producen en el cuerpo, cambios para los que no es posible prepararse e inevitablemente genera angustia. La pubertad se atraviesa a golpe de angustias e incertidumbre, aunque te hayan tocado las mejores cartas, hay una época en que no sabes cómo usarlas, qué hacer con lo que te ha tocado, lo que has creído de ti, pero también con lo que has creído de tus padres. Resulta que ni son tan potentes, ni tenían razón y por sobre todas las cosas, algo desolador a lo que una se enfrenta en su propio análisis, es que son un señor y una señora que se juntaron, tuvieron hijos e hicieron las cosas como buenamente o malamente pudieron y no hay más, la realidad es que no hay a quien reclamar nada.

Esto desestabiliza y llena de rabia, cuanto más has creído en ellos, más rabia te dan sus incoherencias. En otro de los textos que hemos recomendado, La adolescencia no es un diagnóstico de Vicente Mira3, nos explica qué sucede con las identificaciones y os vuelvo a recomendaros su lectura.

Una indicación de Lacan, es que el psicoanalista debe estar a la altura de la subjetividad de su época (Lacan, 1953). Al preguntarnos por lo particular de la subjetividad de esta época, nos encontramos al cuerpo en primer término, pero especialmente con la imagen del cuerpo y, como decía al inicio, todo lo que tenga que ver con la imagen tiene que ver con el envoltorio en contraposición con lo propio esta etapa de la vida que tendría que ser poner el cuerpo mismo en la escena con los pares. Sin embargo, hay un privilegio de la vía de los dispositivos electrónicos para relacionarse, mostrarse u ocultarse.

Los jóvenes en la actualidad, al tener poco soporte simbólico, poco relato sobre la historia de cada uno, menos aún sobre la historia de los padres —habréis constatado que pocos chavales conocen realmente la historia de sus padres y abuelos— «el encuentro con los imprevistos propios de la vida, se convierten en un trauma que no pueden subjetivar y del que tienen que defenderse»4.

¿Cuáles son los síntomas que más os encontráis en la clínica o los colegios?

He preguntado a nuestro colega Manuel Gabaldon, educador y psicólogo que hoy no podía venir: «Te diría que, en general, nos encontramos con la actual problemática de intentos autolíticos, cortes en los brazos, sobre todo en chicas, e ideaciones suicidas… Nada de "una llamada de atención", esa frase tan utilizada y que deploro tanto, pues desvirtúa el sufrimiento por el que están pasando los chavales. También nos encontramos con "temas de transición" y de "orientación sexual"…». Manuel cree que este tema se aborda de manera ideológica más que clínica. «Y también encontramos una sintomatología un tanto difusa y genérica… mucha apatía, falta de motivación, como una falta de "energía vital" y "deseo" a la hora de luchar por un propósito en la vida».

Coincido con Manuel en estas observaciones, es sorprendente la cantidad de chicas que dicen en algún momento que se quieren morir. Lo que observo es que les cuesta mucho decirlo la primera vez, pero luego algo se normaliza en el discurso, lo cuentan en el colegio y a los padres con la angustia y revuelo que eso genera en el entorno. A partir de allí se inicia un protocolo y ya resulta muy difícil detenerse a pensar alguna estrategia para esa chica en particular.

Consulté estadísticas sobre las ideaciones de muerte y según el Barómetro de Opinión de la Infancia y la Adolescencia 2023-2024 de UNICEF España, menciona que el 41,1% de los adolescentes entre 13 y 18 años manifiesta haber tenido un problema de salud mental. Los síntomas más frecuentes son: Trastornos de ansiedad, pánico o fobias: 17,9%, Depresión: 15,7%. Son muchos los padres que consultan preguntándose directamente si su hijo no tendrá depresión. Entonces les pregunto, ¿se levanta por las mañanas? Si. ¿Se ducha todos los días? Si, ¿Come? Si. No se preocupe que algo le pasa, pero depresión seguro que no.

En cuanto a las ideaciones de muerte y autolesiones, los estudios del Ministerio de Sanidad5 destacan indicadores críticos, el 50% de los adolescentes «ha sentido» alguna vez que no merece la pena vivir y el 38% «ha pensado» en autolesionarse. Y el miércoles pasado se publicaron unas cifras de la Fundación ANAR en cuanto a los llamados que recibe, también escalofriantes.

Lo que me gustaría destacar en esta reunión, es que sentir que no merece la pena vivir, como pensar en autolesionarse, están muy lejos de que realmente se haga un pasaje al acto suicida. No poder escuchar que una joven se encuentra tan angustiada que «siente» que no merece la pena vivir, activando un protocolo de emergencia, es privarla de entrada de que hable de su dolor. Pero fundamentalmente, la privamos de que pueda subjetivar, es decir elaborar algo de ese dolor para poder salir del mismo, y en algunos casos generando el efecto contrario, dándole identidad de enferma mental.

Y el último dato que os cuento, del Instituto Nacional de Estadística (INE) 2023/24 es que los intentos de suicidio son significativamente más altos en mujeres, pero los suicidios consumados son hombres es un 75%. En España, los datos más recientes del Ministerio de Sanidad muestran que mientras que la cifra global de suicidios en la población general ha comenzado a descender, en el grupo de adolescentes y jóvenes la tendencia preocupa mucho, pero ese porcentaje que ha aumentado es realmente pequeño, aunque significativo en comparación con hace 10 años.

¿Cómo entiendo estos datos en que las jóvenes tienen mayor ideación suicida?

Las herramientas que tengo para pensar cualquier tema son las del psicoanálisis. Si ponemos a prueba los textos de Freud, que fue un excelente clínico, un concepto que describió fue la identificación por el síntoma. Pone de ejemplo un internado de señoritas en que una joven recibe una carta de su amado que le causa celos o angustia y tiene un ataque. Poco después, varias compañeras presentan el mismo ataque. Freud dice que es una «identificación sobre la base de poder o querer ponerse en la misma situación. Sería erróneo suponer que se apropian del síntoma por empatía, al contrario, la empatía nace solo de la identificación6. La llama también «infección psíquica», por la rapidez en que se extiende entre las chicas.

Si en el momento en que todas sus identificaciones infantiles dejan de servirle y mira hacia sus pares en las redes, los algoritmos que registran que habla de angustia, miedo o ansiedad, la guiarán hacia el espejo del vacío que refleja a las demás.

Esto es totalmente constatable hoy en día, en lugar de infección psíquica se habla de epidemias de problemas de salud mental, otro término súper antiguo que ha recobrado vigencia. Algo que seguramente conocen muy bien quienes están detrás de diseñar el funcionamiento de los algoritmos. La mayoría de las ideas fueron recogidas de alguna red social, de hecho, una noticia en El País7 de hace diez días, una exempleada de Facebook demostró que los ejecutivos de la tecnológica eran conscientes de que sus algoritmos difundían contenidos que promovían la anorexia o incluso alentaban pensamientos suicidas entre los adolescentes, especialmente entre las chicas. De hecho, manejaba informes internos según los cuales el 6% de los adolescentes estadounidenses y el 13% de los británicos decía haber sopesado quitarse la vida impulsados por Instagram.

El gran desafío que tenemos quienes trabajamos con adolescentes, es la necesidad de fabricar tiempo para que un sujeto pueda construir qué le sucede. Y digo construir porque la mayoría no lo sabe, lo siente, lo experimenta precisamente en el cuerpo, pero no sabe a qué responde.

Cómo será la falta de tiempo hoy día que si los ingleses en el siglo XIX reglamentaron el fútbol en el momento en que la educación se vuelve obligatoria8. «La generalización de la práctica del futbol fue una invención para el dominio del cuerpo de los jóvenes. […] Ese cuerpo del niño que no se queda quieto, es hoy tratado con Ritalina o Concerta»9, reflexiona Eric Laurent.

Sabemos que no hay tiempo, pero cuando se trata de estos casos o nos lo hacemos primero nosotros, fabricándolo asimismo para las y los jóvenes o las dificultades con la angustia y la vida misma se acrecientan. El tiempo, junto con la palabra, calman el cuerpo y la mente. Sin necesidad de tocar ese cuerpo ni de ponerlo a bailar, como nos suelen reclamar, una palabra que acoja el sufrimiento de los jóvenes y las jóvenes, una palabra que toma su dolor como real, a la vez que anima a que sea el propio adolescente quien le ponga palabras, eso calma y permite organizar el pensamiento, priorizar unas ideas respecto de otras, encontrar las causas del sufrimiento y comenzar a buscar salidas.

Para el psicoanálisis, no se trata de darles herramientas, sino de guiarlos para que cada uno encuentre las suyas, esas le van a servir para toda la vida porque habrán surgido de una invención propia. En este sentido, el tratamiento es el mismo para los diferentes síntomas o padecimientos: las identidades de género o la cuestión Trans, la angustia de muerte, la agresividad en los chicos, la falta de intereses o de ánimo, adicciones … para cada una de estas manifestaciones ofrecemos tiempo y palabra para construir las causas del padecimiento y una salida posible.

Viñeta: chica 14 años- ataques de pánico- fobia escolar- ideas de muerte sin intentos (caso de neurosis).

Para terminar, quiero insistir en la importancia de ser cuidadosos en el momento de escuchar sobre las ideas de muerte, justamente por no dar ideas, no adelantarse a decir nada sobre el tema que no haya dicho la paciente. Que no se nos cuelen nuestras propias fantasías o temores sobre el tema.

Viñeta II: Chica 19 años ideas de muerte – consulta luego de haberlo intentado (caso de psicosis).

Las ideas de muerte, en un caso de melancolía, una patología que los psicoanalistas hemos aprendido de la psiquiatría clásica y que ya no se encuentra en el DSM. Con esto quiero decir que hay que escuchar e intentar determinar de qué se trata, en esa ocasión si indiqué un ingreso.

Para terminar, lo fundamental es indagar a qué se refiere con que se quiere morir y poco a poco dirán si es que necesita calmar los pensamientos o que es solo una idea, pero no lo piensa realmente, que sufre mucho y no aguanta más ese estado pero que no podría hacerle eso a los padres o la hermana o a alguien de su interés. O por el contrario, nos cuenta cómo ha pensado hacerlo, qué la ha frenado hasta ahora, etc.

Tiempo y palabras para diseñar estrategias en cada caso según se trate de una neurosis o una psicosis (primera distinción necesaria), pero fundamentalmente, para generar un espacio en el que consiga elaborar las dificultades que esta época. Época en que los enfrenta con la transformación del cuerpo y de las identificaciones infantiles, lo que los deja en un vacío que no es fácil de soportar sin el grupo de pares, tanto como si los padres o adultos se angustian mucho o directamente no están disponibles para acompañar.

Notas

1 Lacan. Conferencia de Ginebra sobre el síntoma (1974).

2 Adolescentes: una cita con el cuerpo.

3 La adolescencias no es un diagnóstico.

4 Cosenza D. Clínica del exceso, pág. 68. Xoroi Ediciones (2024).

5 Ministerio de Sanidad. Entre 2018 y 2022 el malestar emocional entre adolescentes aumentó hasta el 38,5%.

6 Freud S. La identificación, Cap. VII Psicología de las masas y análisis del yo, pág. 99. SF Obras completas. AE (1921).

7 El País. Frances Haugen, exempleada de Facebook: «Dentro de 10 años, nos preguntaremos por qué no regulamos antes las redes sociales».

8 Los ingleses codificaron y reglamentaron el fútbol moderno en el siglo XIX (1863), unificando reglas que se gestaron principalmente en los colegios privados y universidades como Cambridge, buscando educar a los jóvenes en disciplina y descargar energía.

9 Laurent E. Los traumatismos del saber. De la infancia a la adolescencia. Ed. Paidós. (2020).