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El algoritmo es una función simbólica
En la conferencia en la Universidad de Milán en 1972, Lacan se dirige a los jóvenes y afirma que: «todo lo que pasa a nivel de la juventud es muy sensible al discurso dominante».
También dice, con cierta anticipación, que puede ser que un día haya un discurso llamado «el mal de la juventud».
Su perspectiva sobre la juventud nos invita a tener en cuenta el discurso y los cambios en la cultura para entender este síntoma social.
Además en esa conferencia propone algo contundente: «Solo a nivel del algoritmo la existencia es admisible como tal».
Es decir, para que algo exista, debe inscribirse en una trama de operaciones simbólicas : relaciones, funciones, trasformaciones. Lo simbólico es aquello que puede ser sometido a operaciones lógicas.
Un algoritmo es una operación lógica. Por ejemplo: «he acumulado mucho dinero pero tengo poco amor, por eso soy un fracasado»: D – A = fracaso.
Se sufre de ser un fracasado y eso está producido por una máquina discursiva que establece un significado, en este caso el significado social de ser un perdedor.
El sujeto nos llega con algoritmos semantizados y la potencia del algoritmo es que se puede leer.
Siempre hemos consumido objetos producidos por algoritmos significantes, la diferencia es que no vivíamos en una sociedad de consumo donde el objeto cambió de valor. De ser un objeto necesario pasó a ser el objeto que falta.
Los programadores parten de la falta al confeccionar sus algoritmos, para continuar generándola de manera infinita. Además, con las posibilidades de la computación actual, se multiplica la velocidad y la cantidad de variables con las que simultáneamente se puede operar, lo que da esa sensación de inmediatez y de poder.