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AdolesZente: puedes saber, más allá de la IA
Las épocas se suceden y cada una configura una subjetividad con características propias que inciden en la subjetividad de cada individuo, y «estar a la altura de la subjetividad de la época» (Lacan, 1953) no es fácil. Aunque nuestra época es diferente de la que le tocó vivir a Lacan, este se anticipó y dio algunas claves del signo de los tiempos actual cuando formalizó el «falso» discurso que llamó capitalista (1972), con sus dos grandes imperativos: producir y consumir. Producir para consumir y consumir para sostener y mantener la producción, como nos recordó C. Soler en Incidencias políticas del psicoanálisis (2011).
A diferencia de los otros cuatro discursos formulados por Lacan, el discurso capitalista no inscribe lazo alguno entre los seres humanos; más bien los fragmenta. Lacan advirtió que el discurso capitalista deshacía los vínculos sociales, dejando a cada sujeto enfrentado al objeto plusvalía, y que eran más bien los objetos (gadgets) quienes comandaban a los sujetos, cada vez más alienados por los objetos de consumo. Y lo predijo cuando aún faltaban décadas para el uso generalizado de Internet y algunas más para un uso también generalizado de la inteligencia artificial (IA), como ocurre actualmente.
Desde que Lacan formalizó el discurso capitalista, y con el paso del tiempo, se hace cada vez más evidente la precariedad de los vínculos en aras del incremento de lo virtual y de las conexiones virtuales. Y a mayor hiperconexión, mayor soledad no deseada, por ejemplo, entre muchos adolescentes de la generación Z.
Dicha precariedad en los vínculos, como también recuerda C. Soler en el citado texto, acentúa la sensación de falta de sentido, lo cual genera una demanda de «trucos reparadores», como el retorno a antiguas sabidurías —por ejemplo, el budismo— y quizá también el auge de toda una serie de terapéuticas que ponen el cuerpo en primer plano. ¿Para compensar, en parte, la virtualidad de nuestra época? Virtualidad aún más acentuada entre los adolescentes de la generación Z.
Por otra parte, el deshacerse de los vínculos sociales tiene una incidencia en los actos de violencia, que aumentan cada día, también en la adolescencia. A diferencia de los otros discursos, que ordenaban, el discurso capitalista desordena y lo pulsional adquiere nuevas características, a peor. Ahora vivimos en la época del imperativo supeyoico a gozar, de la promoción al «narcinismo» (neologismo acuñado por C. Soler), época con «aires de perversión», creo, por el debilitamiento del simbólico y por el empuje del imaginario. Época del impulso, de la promoción al gozar y a la exigencia permanente de consumo, propio del discurso capitalista elevado al máximo por los avances tecnológicos (internet, IA…), lo cual hace que el goce se presente como si fuera una obligación. Lo compulsivo caracteriza los vínculos sociales (TIKTOK, TIKTOK, TIKTOK…) y deja a muchos adolescentes atrapados en una repetición circular, sin fin, en un scrolling adictivo de consumo ininterrumpido de contenidos en las redes sociales.
¿Y qué ocurre entonces con el necesario tiempo lógico de la pubertad y la adolescencia, en particular con la adolescencia de los llamados nativos digitales, en una época que, como sostiene Byung-Chul Han en El aroma del tiempo, se caracteriza por la atomización del tiempo y por la ausencia de un orden que lo rija? Dicho autor sostiene que se ha perdido el tiempo «fino», el tiempo de la contemplación y de la pausa. Este ha sido sustituido por un tiempo hiperactivo y sin interrupciones; quizá podríamos decir que se trata de un tiempo «desimbolizado», al menos en parte, un tiempo imaginarizado en continuum, sin corte, sin pausa. Y es precisamente en la pausa, en el intervalo, donde se sitúan el sujeto del inconsciente y el deseo como falta. La emergencia de lo real de la pubertad conmociona tanto al cuerpo como al sujeto; altera todo aquello que hasta entonces lo orientaba en relación con los otros y con su propio cuerpo, y provoca una crisis de las identificaciones y de los ideales. Frente a este impasse a partir del despertar de la primavera (pubertad) cada adolescente deberá encontrar nuevas respuestas, que serán del orden de la invención.
Para ello se necesita tiempo: un tiempo cronológico, sí, pero sobre todo un tiempo lógico que permita reestructurar todo ello y salir del impasse de la pubertad y la adolescencia. Se tratará entonces de ver cómo el signo de los tiempos influye en esta reestructuración en nuestra época, marcada por la inmediatez y por el empuje a la prisa, cuando el tiempo lógico requiere de la pausa para reubicarse en relación con el cuerpo y con los otros, etc. después de la metamorfosis que supone la pubertad y la adolescencia. ¿Cómo hacerlo en estos tiempos de hiperconexión que va en detrimento de los vínculos y donde la IA, con sus algoritmos amos está cada vez más presente en la generación Z y en todos nosotros? ¿Qué lugar queda para la palabra en los adolescentes de la generación Z en esta época de predominio de la imagen y de lo virtual? François Jullien —filósofo y sinólogo francés— sostiene que uno de los grandes peligros de la tecnología actual es la facilidad con la que puede generar una alienación que pasa desapercibida, ya que acelera la uniformización del pensamiento. Los algoritmos de recomendación de la IA fomentan burbujas en las que lo diferente se diluye.
El psicoanálisis y la IA —útil en muchos ámbitos y para muchas tareas— operan en universos completamente distintos. La IA no sabe que el sujeto, cada sujeto, no es reductible a un simple sumatorio de datos. Por otra parte, un análisis se constituye a partir del deseo del analista, del deseo de promover el trabajo del inconsciente en cada analizante. La IA, al no estar atravesada por la castración simbólica, no puede encarnar ese vacío ni responder desde una posición ética como la del psicoanálisis, ya que, al menos por el momento, responde únicamente desde una funcionalidad programada basada en la acumulación y el tratamiento de datos procurando un mayor beneficio económico para sus amos. Por esto la IA no puede escuchar —menos responder— a lo particular de cada sujeto, y menos aún a lo singular y en esto sus respuestas no dejan de ser «una falsa moneda».
Frente al «todo» de la IA y de sus algoritmos amos, el psicoanálisis puede ofrecer todavía una respuesta subversiva a los discursos dominantes; puede hacer prevalecer la lógica del no-todo en la cultura y, sobre todo, para cada analizante. Puede también ofrecer una respuesta subversiva para cada adolescente que quiera ser escuchado, sostener una praxis capaz de abrir para cada uno de ellos el camino de su deseo, sabiendo algo de la verdad de su goce singular, más allá de la IA y de su promesa de revolucionar (también) la salud mental. La temática de la Jornada de Gijón —AdolesZencia en el algoritmo. ¿Qué lazos crea?— no puede ser más oportuna para hablar, escuchar y debatir también con ellos sobre aspectos de la subjetividad de los adolescentes de la generación Z. ¡Anímate, pues, a aportar y a saber más sobre ellos!